Puerto de la Cruz pone en marcha su huerto urbano comunitario con 30 participantes

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Puerto de la Cruz ya cultiva sostenibilidad. El nuevo huerto urbano comunitario ha comenzado su andadura en el enclave de Los Cachazos, en la zona de El Durazno, donde 30 usuarios y usuarias trabajarán desde ahora sus parcelas en un espacio concebido mucho más allá de la producción agrícola.

La iniciativa, impulsada por el área de Participación Ciudadana y Ciudad Sostenible, que dirige el edil David Hernández, y que cuenta con la dinamización de la Asociación La Vereda, se integra en una actuación global sobre una superficie de 19.000 metros pensada como un entorno vivo de encuentro vecinal, aprendizaje colectivo y fortalecimiento comunitario.

El proyecto incluye siete huertos accesibles, diseñados específicamente para facilitar la participación de personas con movilidad reducida y garantizar un uso inclusivo del espacio. El proceso de selección ha priorizado a residentes del municipio, atendiendo a criterios de cercanía y edad, donde han entrado todos los mayores de 70 años. Además, se ha reservado un papel relevante a asociaciones con fines terapéuticos y sociales, reforzando el carácter integrador de la propuesta.

El huerto nace con la vocación de consolidar comunidades sanas, solidarias y sostenibles. La iniciativa apuesta por la creación de dinámicas intergeneracionales y multiculturales, poniendo el foco en colectivos vulnerables, personas mayores en situación de soledad no deseada, familias con menores, hogares monoparentales y personas en riesgo de exclusión social. Entre sus objetivos destaca avanzar hacia un modelo de autosuficiencia alimentaria que permita abastecer de verdura fresca a entre 15 y 20 familias mediante producción propia, promoviendo hábitos de consumo responsables y saludables.

Hernández, que acudió en la tarde de ayer, miércoles 18 de febrero, al recinto para dar la bienvenida a los nuevos usuarios y usuarias, explicó que “el municipio da un paso firme hacia un modelo de ciudad más justo, sostenible y participativo, en el que la soberanía alimentaria y la implicación ciudadana ocupan un lugar central. Con la puesta en marcha de estos huertos comunitarios no solo recuperamos espacios públicos infrautilizados, sino que los transformamos en bienes comunes al servicio de la ciudadanía”.

Además, añade que el proyecto va más allá del cultivo: “Queremos que estos huertos sean espacios vivos de encuentro vecinal, de educación ambiental y de fortalecimiento comunitario, capaces de generar conciencia frente a la emergencia climática y de avanzar hacia un sistema alimentario más cercano y resiliente. Todo ello, además, desde una gestión democrática, inclusiva y profundamente enraizada en el territorio, de la mano de asociaciones y colectivos locales”.

El desarrollo del huerto contará con un programa integral de seguimiento que incluye asambleas mensuales, dinámicas de cohesión grupal y herramientas de comunicación para la gestión diaria. La formación será un eje central, con acciones en agroecología, alimentación saludable, plantas medicinales, bioconstrucción, gestión de residuos y autogestión comunitaria.

El proyecto incorporará una evaluación continua de su impacto social y ambiental, así como la difusión de materiales y resultados, consolidando los huertos comunitarios inclusivos como una herramienta estratégica para el bienestar colectivo y la sostenibilidad local.

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