El Santo Padre concluye en Canarias su primer viaje apostólico al país tras una intensa jornada de fe, encuentro y cercanía con miles de peregrinos
León XIV se despidió de España con palabras de profundo agradecimiento y con el recuerdo imborrable del cariño recibido durante su primera visita apostólica al país. El Pontífice cerró su estancia en la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna con una multitudinaria celebración eucarística en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde miles de fieles compartieron un clima de oración, alegría y emoción.
En su homilía, el Papa puso la mirada en quienes sufren y en quienes llegan a las islas buscando una vida mejor. Frente a quienes “especulan con la desesperación”, recordó que los cristianos están llamados a ofrecer el consuelo de Cristo y afirmó que “la gracia más grande es que nos dejemos evangelizar por aquellos a quienes socorremos”.

El Santo Padre insistió en que la respuesta cristiana ante el dolor y la fragilidad humana no puede limitarse a la ayuda material, sino que debe estar marcada por la cercanía, el encuentro y el reconocimiento de la dignidad de cada persona, especialmente de los migrantes, los pobres y los descartados.
La celebración concluyó entre los aplausos y la emoción de los asistentes, que quisieron despedir al Papa antes de su regreso a Roma. León XIV impartió la bendición final y recorrió por última vez el recinto para saludar a los peregrinos que acudieron a este histórico encuentro.
Con el eco de las oraciones y el afecto del pueblo canario, el Pontífice puso fin a una visita que quedará marcada como un acontecimiento histórico para la Iglesia en España y, de manera especial, para la comunidad católica de las Islas Canarias.
Desde el aeropuerto de Tenerife Norte, León XIV emprendió su viaje de regreso a Roma llevando consigo el recuerdo de una tierra que lo acogió con entusiasmo y donde, como expresó el obispo Eloy Santiago en su despedida, “el Papa es también canario y en estas islas tendrá siempre su casa”.
Fuente: El Día (Humberto Gonar)
