CANARIAS, CRISOL EJEMPLAR
Artículo de opinión de Fidela Velázquez

Hace un tiempo, cuando la crisis migratoria de Melilla, en Teno Alto, la sabiduría de nuestro pueblo canario habló sin micrófonos.
Una señora, con esa sensatez que solo da la dureza de la tierra y la experiencia de los años, miraba las rejas de Melilla en un periódico y me dijo:
“Quiten las rejas. Abran las puertas. Con las rejas llegan heridos, rasguñados… ¿No es mejor que entren sanos? ¿Y si fueran familia de uno?”
Me atravesó el alma. Porque en esa frase cabía todo: la empatía que no se estudia, la humanidad que no se legisla. Esa es mi gente.
Un tiempo después, cuando las brújulas de las pateras señalaban a El Hierro, la tele enfocó a dos herreños mayores en un cementerio.
Enterraban a migrantes que el Atlántico devolvió muertos a las costas de El Hierro, una isla de apenas 18.000 almas que ha visto llegar al dolor por miles.
La periodista preguntó por qué estaban allí.
Y ellos, con la voz quebrada pero firme, contestaron:
“Los herreños acompañamos siempre en el dolor a nuestros vecinos. Esta gente no tiene a nadie porque son de fuera. Pero son seres humanos. Y como seres humanos, estamos aquí. Como seres humanos, son hermanos”.

Eso somos. Ese es el pueblo canario.
Somos hijos de la mezcla.
De guanches, castellanos, portugueses, africanos, americanos.
Somos nietos de maletas de cartón y barcos de tercera.
Conocemos el hambre que empuja, el mar que separa, la carta que tarda meses.
Por eso, cuando nos gritan con odio “llévatelos a tu casa”, El Hierro, corazón de Canarias en los últimos tiempos, responde abriendo el cementerio, el colegio, la casa y el corazón.
Porque ya los llevamos a casa y están con nosotros.
En la memoria.
En la piel.
En la historia.
Como decía José Martí, cubano de raíz canaria (ninguna sorpresa): «la patria es la humanidad».
Y yo elijo la patria mía cada día: la de la señora de Teno, la de los dos señores de El Hierro, la del pescador que tira de la patera, la de la maestra que enseña español con un mapa de África, nuestro continente, en la pizarra.
Hay compatriotas de sangre y hay compatriotas de alma.
Yo no comparto patria con quien siembra rejas y miedo.
Me niego a compartir patria con quien incendia los escasos bienes de quien ha huido de la miseria. De quien le impide el acceso al pan y la sal para sobrevivir.
Mi patria está donde hay un plato que se comparte, una tumba que se acompaña, una mano que no pregunta de dónde vienes antes de sostenerte.
Yo, con los míos.
Con el auténtico pueblo canario: mestizo, migrante, memoria viva.
El que siempre fue solidario.
Porque la vida es un círculo, ellos hoy son nosotros.
Y nosotros seremos ellos mañana.

