UNA MIRADA PARA TOMAR EL PULSO DEL NORTE DE LA ISLA
Artículo de opinión de Mawi Amaro López

La guagua apenas avanzaba. Fuera, una hilera interminable de coches esperaba su turno. Dentro, algunos pasajeros miraban el reloj con impaciencia; otros observaban en silencio por la ventanilla. Yo hice lo mismo.
Entonces la vi. Una excavadora abría la calle mientras varios operarios trabajaban a su alrededor. Durante unos segundos pensé lo mismo que cualquiera: ¡Vaya lío!.
Pero enseguida comprendí que no estaba contemplando un problema. Estaba contemplando un pueblo que había decidido volver a moverse Los pueblos también tienen corazón. Y el de Icod de los Vinos llevaba demasiado tiempo con el pulso adormecido.
Vivimos semanas de obras, desvíos, calles abiertas y tráfico lento. Es lógico que haya quien se impaciente. Nadie disfruta de una cola ni celebra un retraso.
Pero conviene hacerse una pregunta: ¿Qué resulta más incómodo?. Esperar unos minutos más para llegar a casa, o esperar años para ver cómo un pueblo vuelve a avanzar?
Durante mucho tiempo, Icod de los Vinos fue uno de los grandes referentes del norte de Tenerife. Su comercio marcaba el ritmo de la comarca, su patrimonio despertaba admiración y sus calles respiraban una vitalidad que todavía permanece en la memoria de muchos vecinos. Los pueblos no dejan de ser importantes de un día para otro. Empiezan a perder fuerza cuando dejan de creer en sí mismos. Por eso me ilusiona el momento que vive hoy nuestro municipio. Porque, por fin, pasan cosas.
La próxima reapertura del Mercado Municipal devolverá la actividad a uno de los espacios más emblemáticos de Icod. Los nuevos parques infantiles ofrecerán lugares mejores para que las familias disfruten de su pueblo. La renovación de la red de abastecimiento de agua potable, aunque obligue a levantar calles y altere nuestra rutina, supone invertir en una infraestructura esencial que durante demasiado tiempo esperó una intervención.
No son actuaciones aisladas. Son señales. Las señales de un municipio que vuelve a apostar por sí mismo. Y toda transformación tiene un precio temporal: el de la incomodidad.
La historia está llena de ejemplos. También en Tenerife. Cuando comenzaron las obras del tranvía, las críticas fueron constantes. Hubo quien solo veía atascos, zanjas y retrasos. Hoy cuesta imaginar la isla sin esa infraestructura y cada vez son más quienes desean que siga creciendo.
El tiempo suele poner cada obra en su sitio. Quizá ocurra lo mismo con el Icod que hoy estamos construyendo. Hay quien mira una grúa y solo ve hierro. Yo veo confianza. Porque una grúa anuncia algo muy sencillo: alguien ha decidido construir. Y hay ocasiones en las que el ruido de una excavadora no anuncia problemas. Anuncia que el futuro ha empezado. Las calles cerradas por obras siempre vuelven a abrirse. Lo verdaderamente difícil es volver a abrir un pueblo cuando lleva demasiado tiempo resignado.
Ese sí es un desafío. El peor ruido para un municipio nunca ha sido el de una excavadora. El peor ruido siempre ha sido el silencio de la inacción.
Dentro de unos años nadie recordará la cola de un martes cualquiera. Viviremos un Mercado Municipal lleno de vida. Los parques donde jugarán nuestros hijos. Las calles renovadas. Las infraestructuras que hoy empiezan a construirse. Y un municipio que decidió volver a creer en sí mismo.
Las obras terminarán. Las colas desaparecerán. El ruido se apagará. Y entonces comprenderemos que aquel bendito caos nunca fue el problema. Fue la prueba de que un pueblo había decidido despertar. Porque los pueblos no vuelven a latir cuando terminan las obras. Empiezan a latir el día que comienzan. Y el corazón de Icod de los Vinos, por fin, vuelve a latir.

