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Antes de la autopista

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Todavía no ha amanecido en Buenavista del Norte.

En una casa se enciende una luz. Alguien coge las llaves del coche, cierra la puerta con cuidado para no despertar a los demás y, antes de arrancar, mira el reloj.

No llega tarde.

Simplemente sabe que vive donde el tiempo empieza a correr antes que la autopista.

Dentro de un rato atravesará Los Silos, Garachico, Icod de los Vinos, La Guancha y San Juan de la Rambla… La carretera le obligará a frenar, acelerar, volver a frenar, atravesar travesías y rotondas. Solo cuando llegue a Los Realejos aparecerá la autopista y el viaje cambiará por completo.

No porque Santa Cruz esté ya cerca.

Sino porque, por primera vez en todo el recorrido, la isla parecerá avanzar a la misma velocidad que sus planes.

Ese viaje lo hacen cada día miles de personas.

Trabajadores.

Estudiantes.

Agricultores.

Autónomos.

Familias que acuden a una consulta médica.

Empresarios que intentan sacar adelante un proyecto.

Todos comparten algo más que una carretera.

Comparten tiempo.

Y el tiempo es, probablemente, la infraestructura más importante de todas.

Por eso hablar de movilidad nunca debería reducirse a hablar de asfalto.

Hablar de movilidad es hablar de igualdad de oportunidades.

Es preguntarse cuánto cuesta aceptar un empleo cuando cada desplazamiento consume una parte del día.

Es preguntarse dónde decide instalarse una empresa.

Es preguntarse si un joven puede construir su futuro sin renunciar al lugar donde nació.

En los últimos años Tenerife ha impulsado importantes proyectos para mejorar sus conexiones. Es justo reconocerlo. Las inversiones que llegan a municipios como La Orotava, Puerto de la Cruz o Los Realejos benefician al conjunto de la isla y representan un avance del que todos deberíamos alegrarnos.

Precisamente por eso surge una pregunta difícil de ignorar.

¿Por qué ese impulso parece perder fuerza cuando la carretera continúa hacia San Juan de la Rambla, La Guancha, Icod de los Vinos, Garachico, El Tanque, Los Silos y Buenavista?

No hablamos de un rincón perdido.

En esos municipios viven alrededor de cincuenta y dos mil personas. 52.000 vecinos que trabajan, estudian, emprenden, cultivan la tierra, mantienen vivo un paisaje único y contribuyen cada día al desarrollo de Tenerife.

No piden estar por delante de nadie.

Solo piden no quedarse siempre para después.

Quizá ninguna obra represente mejor esa sensación que el cierre del anillo insular entre San Juan de la Rambla e Icod de los Vinos. Su trazado lleva años recorriendo despachos, proyectos, exposiciones públicas, informes y declaraciones ambientales. Los documentos han seguido avanzando.

La carretera todavía espera.

Y mientras los expedientes cambian de mesa, la vida continúa recorriendo la vieja vía.

Cada mañana.

Cada tarde.

Cada año.

Gobernar obliga a establecer prioridades. Nadie puede negar la complejidad técnica, económica y ambiental de una infraestructura de esta magnitud.

Pero también obliga a mirar el mapa completo.

Porque un mapa no termina donde acaba una autopista.

La isla tampoco.

Después de Los Realejos sigue habiendo pueblos.

Sigue habiendo empresas.

Sigue habiendo campos que producen.

Sigue habiendo familias que construyen su vida.

Sigue habiendo norte.

A veces pensamos que una carretera solo sirve para unir dos lugares.

No es verdad.

También une oportunidades.

Acerca empleos.

Reduce distancias con un hospital.

Facilita que una empresa decida quedarse.

Permite que un joven no tenga que marcharse para encontrar un futuro.

Las carreteras transportan vehículos.

Las buenas infraestructuras transportan posibilidades.

Quizá por eso deberíamos dejar de preguntarnos dónde termina la autopista.

Y empezar a preguntarnos hasta dónde queremos que llegue el futuro de Tenerife.

Me gusta imaginar que algún día ese vecino de Buenavista volverá a salir de casa antes de amanecer.

Encenderá la luz.

Cogerá las llaves.

Cerrará la puerta con el mismo cuidado de siempre.

Pero, esta vez, arrancará el coche sin mirar el reloj.

Ese día no habrá terminado solo una carretera.

Habrá terminado una forma de entender el norte de Tenerife.

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