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Cuando el problema es serio acabas cogiendo la TF-5

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Todavía no ha amanecido.

En Masca, el silencio solo lo rompe el canto de un gallo y el sonido de una puerta que se abre despacio.

Una hija espera junto al coche a su padre, que sale con esa calma que solo traen los años.

En una mano lleva una carpeta llena de informes médicos.

En la otra, una pequeña bolsa con la medicación.

Ella le ayuda a sentarse, Le coloca el cinturón y, finalmente, arranca.

Las primeras curvas transcurren casi en silencio.

No hace falta hablar.

Los dos saben adónde van.

Lo que quizá ninguno de los dos sabe todavía es que la consulta durará apenas quince minutos, AUNQUE el viaje LES ocupará casi todo el día.

Porque una consulta médica nunca empieza cuando un médico pronuncia nuestro nombre, Empieza mucho antes. Empieza cuando una hija pide permiso en el trabajo, Cuando un autónomo deja de atender a un cliente, Cuando una persona mayor se levanta antes del amanecer para llegar puntual. Empieza cuando una familia reorganiza su vida alrededor de una cita

Y si el desplazamiento se hace en guagua, la jornada se hace todavía más larga.

Desde el extremo noroeste de Tenerife, una consulta puede significar varios trayectos, transbordos, esperas y horas de carretera antes de entrar siquiera en la sala de espera.

Todo eso forma parte de la enfermedad, Aunque nunca aparezca escrito en un informe clínico.

El Hospital del Norte nació para cambiar esa realidad. Y Sería profundamente injusto no reconocer que lo ha hecho, porque, durante los últimos años ha ido creciendo. Han llegado nuevas consultas, más actividad quirúrgica, nuevos proyectos, más especialidades y mejores equipamientos. Cada servicio que incorpora merece una celebración, Porque detrás de cada consulta que deja de derivarse al Hospital Universitario de Canarias hay una familia que recupera una mañana, un padre que llega menos cansado, una hija que no tiene que pedir un día libre, un abuelo que vuelve antes a casa.

Ese también es el éxito de la sanidad pública.

Pero también sería injusto ignorar la otra parte de la historia, porque las personas no viven al ritmo de los expedientes, ni de los presupuestos, ni de las licitaciones. Las personas viven al ritmo de sus enfermedades. Y ese reloj siempre corre mucho más deprisa.

Por eso, cuando una prueba requiere alta complejidad o una atención que todavía no puede prestarse en el Hospital del Norte, miles de vecinos siguen escuchando una frase demasiado conocida: “Hay que ir al Hospital Universitario”.

Y, casi sin pensarlo, aparece otra que todos hemos oído alguna vez: Cuando el problema es serio, acabas cogiendo la TF-5

No es una crítica a quienes trabajan cada día en nuestros hospitales.

Todo lo contrario.

Los profesionales sanitarios llevan años demostrando una vocación admirable, muchas veces con recursos que han ido creciendo más despacio de lo que crecía la población del norte.

Tampoco pretende señalar a un gobierno concreto, porque el Hospital del Norte ha atravesado distintas etapas, distintos responsables y distintas promesas y, precisamente por eso, merece una reflexión serena.

Las promesas no solo se cumplen, sino que también se cumplen a tiempo… O, a veces, demasiado tarde.

La sanidad no debería medirse únicamente por el número de especialidades que incorpora un hospital. También debería medirse por el tiempo que consigue devolver a las personas, porque el tiempo también es salud, es conciliación, es descanso, es calidad de vida, es una hija que puede volver a recoger a sus hijos al colegio, es un agricultor que no pierde toda una jornada, es un pequeño comerciante que no tiene que cerrar su negocio durante un día entero.

Las listas de espera se cuentan en días.

La distancia también se mide en horas de vida.

Cuando termina la consulta, el padre mira a su hija mientras vuelven hacia el coche.

“Perdona por hacerte perder todo el día”.

Ella sonríe, le aprieta la mano y responde casi sin pensar.

“Papá, el problema nunca has sido tú”.

Y es cierto, porque el problema es que una consulta de quince minutos todavía nos obliga a regalarle un día entero a la carretera.

Quizá el verdadero éxito del Hospital del Norte no llegue el día que inaugure un nuevo servicio. Llegará el día en que esa conversación deje de repetirse. Llegará el día en que una hija de Masca salga de casa pensando únicamente en que todo va a salir bien y no en cuánto tiempo tardará en llegar.

Porque las carreteras unen municipios, pero la sanidad de proximidad une familias.

Y el día en que, cuando el problema sea serio, dejemos de pensar automáticamente en coger la TF-5, ese día no habremos inaugurado solamente un nuevo servicio.

Habremos cumplido, por fin, una promesa con todo el norte de Tenerife.

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